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Después de ser recolectadas a mano en nuestros campos de Palomonte (SA), las alcachofas, aún muy frescas, se llevan al taller, donde se someten a un procesado cuidadoso y totalmente manual. El proceso comienza con el descascarillado, durante el cual se eliminan las hojas exteriores y el tallo. A continuación, se recorta meticulosamente con un pequeño cuchillo, seleccionando así sólo el corazón más tierno de la alcachofa. Para evitar la oxidación y mantener su color natural, las alcachofas se sumergen en una solución de agua fría y limón. Una vez terminada la preparación, se colocan cuidadosamente en tarros de cristal y se cubren con aceite de oliva virgen extra. Se trata de un trabajo de gran precisión, que requiere tiempo, habilidad y dedicación.